jueves, 18 de diciembre de 2014

"Ser Educador Social frente al maltrato y el acoso de menores"

Santiago Lozano Solano
3º Educación Social


Para dar forma a la presente reflexión, considero aconsejable esclarecer los términos sobre los que vamos a trabajar, para que el lector tenga una idea clara de la problemática a la que el Educador Social se tiene que enfrentar. Hablamos del acoso de menores o bullying.

Podemos definir  acoso escolar (también conocido como bullying) como cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico que se produce entre alumnos de forma reiterada, que se alarga en el tiempo y espacio. Se puede decir también, que el acoso escolar o “bullying” es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio e indiferencia de otros compañeros.

En resumen, el acoso escolar es cualquier tipo de maltrato psicológico, verbal o físico, que puede desembocar en consecuencias psíquicas (trastornos, alteraciones cognitivas,  depresiones, etc...) y consecuencias sociales o dirigidas a la sociedad. En ocasiones estas consecuencias psíquicas pueden llevar a  la víctima al suicidio, como vimos en el documental de clase.

Ahora bien, para poder hablar de la figura del Educador Social frente a esta lacra, es decir, qué hacer para eliminarla o en su defecto disminuirla, considero que debemos delimitar sus raíces, su proveniencia, dónde nace, es decir:

¿Por qué el niño desarrolla conductas violentas o despectivas hacia sus compañeros?

En lo que a mí respecta, después de haber visto todo lo que he visto hasta ahora en los documentos del blog de la asignatura, he llegado a la conclusión de que el menor desarrolla comportamientos violentos por observación y por necesidad de elaborar un status de prestigio, o una posición de poder ante los demás compañeros. Dependiendo de la observación que realice en la familia el niño desarrollará o no conductas violentas que posteriormente puede  utilizar en su vida diaria, es decir en la escuela, porque las habrá incorporado a su repertorio conductual. 

Otra manera que el menor tiene de aprender conductas agresivas tiene que ver con el refuerzo. Si el menor observa una conducta agresiva que realice otra persona y ésta obtiene  algo positivo es decir, si observa a otro menor realizar actos violentos y por ello recibir elogios y admiración por parte de los demás, él tenderá a  imitarla porque ha aprendido que al ejecutarla puede recibir algo reconfortante.


Los padres se convierten en un referente para los menores, censurar su comportamiento a través de manifestaciones hostiles tales como el castigo físico o privativo de placeres, siendo este último más adecuado, favorecerá que no se fomenten en él acciones violentas posteriores. Igualmente las relaciones deterioradas y conflictivas entre los padres pueden provocar que el menor reaccione de manera violenta como una forma de manifestar su malestar. 

Si a todos estos factores, añadimos elementos presentes en la vida del niño como la violencia en la televisión o videojuegos, podemos decir que se está gestando la conducta violenta. No podemos olvidar tampoco el déficit en las habilidades sociales, con las que cuenta a su corta edad, que permitan al menor afrontar las situaciones frustrantes. Una buena solución para prevenir o al menos, disminuir en el menor la aparición de conductas de acoso, puede ser animarle a que aprenda alternativas al comportamiento agresivo, esto ayudará al menor a cambiar esas conductas impulsivas.

Por tanto y después de haber hablado de lo anterior, considero que la acción del Educador Social frente al maltrato y el acoso de menores, tiene que llevarse a cabo en los puntos donde nace el maltrato y se consolida.

Para empezar y como eje clave de la intervención el Educador Social tendría que trabajar con la familia si fuera necesario, para detectar si lo hubiera episodios de violencia. En ese caso habría que poner a la orden a las autoridades e intervenir socioeducativamente con los padres.

Por otro lado y con lo que respecta al acoso escolar, habría que trabajar en el centro educativo, realizando una intervención socioeducativa con los menores para aclarar que hay muchas formas de sentirse halagado y elogiado lejos de buscar el sufrimiento ajeno. En el centro se debería tratar el acoso escolar como una lacra que supusiera una vergüenza para aquel que lo ejerza.

La última medida a tener en cuenta bajo mi punto de vista sería la de introducir en el curriculum escolar alguna materia que tuviera como fin la de dotar a los menores de habilidades sociales, que a mi parecer son tan necesarias para la vida como la matemática o el lenguaje. Con un menor dotado de habilidades sociales tendrá más herramientas para hacer frente a conflictos morales, de autoconcepto y de seguridad emocional.

En definitiva, considero que el acoso escolar entra en detrimento si los  jóvenes reciben una educación más específica sobre este tema, y además la sociedad los sensibiliza, mediante noticias y demás tipos de información, por esta razón, los chicos de mayor edad, tienen más consideración y reflexionan más sobre este tipo de conductas, y de forma contraria, los chicos de menor edad no lo hacen tanto debido a las características mentales que tienen durante ese rango de edad.

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