"Ser Educador Social frente al maltrato y el acoso de menores"
Santiago Lozano Solano
3º Educación Social
Para dar forma a la presente reflexión, considero aconsejable
esclarecer los términos sobre los que vamos a trabajar, para que el lector
tenga una idea clara de la problemática a la que el Educador Social se tiene
que enfrentar. Hablamos del acoso de menores o bullying.
Podemos definir acoso
escolar (también conocido como bullying) como cualquier forma de maltrato
psicológico, verbal o físico que se produce entre alumnos de forma reiterada,
que se alarga en el tiempo y espacio. Se puede decir también, que el acoso
escolar o “bullying” es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la
que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio e indiferencia de otros
compañeros.
En resumen, el acoso escolar es cualquier tipo de maltrato
psicológico, verbal o físico, que puede desembocar en consecuencias psíquicas
(trastornos, alteraciones cognitivas,
depresiones, etc...) y consecuencias sociales o dirigidas a la sociedad.
En ocasiones estas consecuencias psíquicas pueden llevar a la víctima al suicidio, como vimos en el
documental de clase.
Ahora bien, para poder hablar de la figura del Educador Social
frente a esta lacra, es decir, qué hacer para eliminarla o en su defecto
disminuirla, considero que debemos delimitar sus raíces, su proveniencia, dónde
nace, es decir:
¿Por qué el niño desarrolla
conductas violentas o despectivas hacia sus compañeros?
En lo que a mí respecta, después de
haber visto todo lo que he visto hasta ahora en los documentos del blog de la
asignatura, he llegado a la conclusión de que el menor desarrolla
comportamientos violentos por observación y por necesidad de elaborar un status
de prestigio, o una posición de poder ante los demás compañeros. Dependiendo de
la observación que realice en la familia el niño desarrollará o no conductas
violentas que posteriormente puede
utilizar en su vida diaria, es decir en la escuela, porque las habrá
incorporado a su repertorio conductual.
Otra manera que el menor tiene de
aprender conductas agresivas tiene que ver con el refuerzo. Si el menor observa
una conducta agresiva que realice otra persona y ésta obtiene algo positivo es decir, si observa a otro
menor realizar actos violentos y por ello recibir elogios y admiración por
parte de los demás, él tenderá a
imitarla porque ha aprendido que al ejecutarla puede recibir algo
reconfortante.
Los padres se convierten en un
referente para los menores, censurar su comportamiento a través de
manifestaciones hostiles tales como el castigo físico o privativo de placeres,
siendo este último más adecuado, favorecerá que no se fomenten en él acciones
violentas posteriores. Igualmente las relaciones deterioradas y conflictivas
entre los padres pueden provocar que el menor reaccione de manera violenta como
una forma de manifestar su malestar.
Si a todos estos factores, añadimos
elementos presentes en la vida del niño como la violencia en la televisión o
videojuegos, podemos decir que se está gestando la conducta violenta. No
podemos olvidar tampoco el déficit en las habilidades sociales, con las que
cuenta a su corta edad, que permitan al menor afrontar las situaciones
frustrantes. Una buena solución para prevenir o al menos, disminuir en el menor
la aparición de conductas de acoso, puede ser animarle a que aprenda
alternativas al comportamiento agresivo, esto ayudará al menor a cambiar esas
conductas impulsivas.
Por tanto y después de haber hablado
de lo anterior, considero que la acción del Educador Social frente al
maltrato y el acoso de menores, tiene que llevarse a cabo en los puntos donde
nace el maltrato y se consolida.
Para empezar y como eje clave de la
intervención el Educador Social tendría que trabajar con la familia si fuera
necesario, para detectar si lo hubiera episodios de violencia. En ese caso
habría que poner a la orden a las autoridades e intervenir socioeducativamente
con los padres.
Por otro lado y con lo que respecta al acoso
escolar, habría que trabajar en el centro educativo, realizando una
intervención socioeducativa con los menores para aclarar que hay muchas formas
de sentirse halagado y elogiado lejos de buscar el sufrimiento ajeno. En el
centro se debería tratar el acoso escolar como una lacra que supusiera una
vergüenza para aquel que lo ejerza.
La última medida a tener en cuenta bajo mi
punto de vista sería la de introducir en el curriculum escolar alguna materia
que tuviera como fin la de dotar a los menores de habilidades sociales, que a
mi parecer son tan necesarias para la vida como la matemática o el lenguaje.
Con un menor dotado de habilidades sociales tendrá más herramientas para hacer
frente a conflictos morales, de autoconcepto y de seguridad emocional.
En definitiva, considero que el acoso escolar entra en detrimento
si los jóvenes reciben una educación más
específica sobre este tema, y además la sociedad los sensibiliza, mediante
noticias y demás tipos de información, por esta razón, los chicos de mayor
edad, tienen más consideración y reflexionan más sobre este tipo de conductas,
y de forma contraria, los chicos de menor edad no lo hacen tanto debido a las
características mentales que tienen durante ese rango de edad.

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